Todas direcciones.

Siempre hay alguien que daría su vida y mil más por estar a tu lado.

sábado, 28 de mayo de 2011

A veces piensas que no podrás.

A veces la presión es demasiado fuerte. A veces las cosas son demasiado difíciles. A veces esa ínfima parte de ti que se crece y se hace llamar "fuerza"; se vuelve diminuta. A veces, te tropiezas en mitad del camino con una enorme roca maciza. Un muro que te impide seguir adelante; y sientes que por mucho que lo intentes, no podrás. Porque vienes de escalar y derribar otros tantos como esos, hace apenas unos pasos de ese punto en el que te encuentras... Por la otra parte del muro empieza a salir el sol, y en la parte en la que tú te has sentado, para evadir el problema y no afrontarlo porque piensas que así todo será más fácil, empieza a oscurecer. En ese momento te das cuenta de que, si no le pones un poquito de empeño, aunque te hagas daño y eso te abra heridas difíciles de curar, no podrás salir de la orcuridad, porque el muro es demasiado alto para dejar pasar la luz...

viernes, 27 de mayo de 2011

Mañana te olvido. Pero mañana, hoy no.

“Te quiero”. Grandiosa frase. Grandiosa, si la dices de verdad. No siempre las cosas son tan fáciles como parecen. No siempre es cómo lo pintan… El cielo no siempre es azul, el mar no es siempre transparente. Las personas no siempre mienten, pero tampoco les hagas mucho caso. Yo te quiero, te quise y te querré, tú ya lo sabes. Y aunque lo pienses y digas que tampoco es tan complicado, yo te repetiré miles de veces que tampoco es que sea tan fácil. Cada vez que me dices esas dos palabras, que más bien son poquitas veces, a mi se me va el alma a los pies, y se queda ahí en el suelo, susurrando que ella siempre te querrá. Te gritaría a los cuatro vientos que eres lo más grande que tengo. No puedo decírtelo o mi pequeño mundo se irá disolviendo con la lluvia que caerá, si me pongo de nuevo a llorar. Mírame. Mírate. No sé que piensas. No sé que sientes. Mírame. Mírate. MÍRANOS. ¿Qué? Nada. Nada de nada. Bueno, nada de poco, a ratos… No sé. Te amo. Lo dejo caer. Mañana tal vez. Eres tan complicado, siempre el mismo juego, jugando con el mismo dado. Pero yo, no sé si débil, fuerte o yo que sé, caeré como una niña tonta. Me estoy ilusionando, y no sé de qué. Hemos perdido tanto… Tantas cosas tiradas por el suelo… Tantos recuerdos que se borran, porque ya ha pasado tanto tiempo… Tanto amor malgastado… Tantos “te quiero” reprimidos… Tantas ganas de volver contigo; que no me caben aquí dentro. Y el día que te diga que te amo, lo siento, pero es que a veces no es tan fácil… Yo tengo prohibido suicidarme en primavera.

He llegado a ese punto en el que sin ti, ya nada vale.

Me pongo a llorar como una idiota. Me he llenado de ilusiones que hacen que mi vida sepa mejor. Se han caído abajo, cómo un muro de piedra maciza que se ha convertido en talco. He intentado pensar en las posibilidades que hay de seguir adelante, y me he dado cuenta de que eras tú mi única razón para seguir levantándome cuando me he dado ostias contra el suelo. Cuanto más alto suba, más jodida será la caída. Tengo miedo. Miedo de no volver a enamorarme tanto cómo lo estoy ahora de ti. Me da miedo pensar que es verdad que sin tenerte cerca, sin tus gestos, tu manera de hablar, esos ojos negro azabache, sin esa voz rota, y sin tus tonterías cada día, no seguiría manteniendo la sonrisa. Eras esa pizca de esperanza, de alegría, entre toda la mierda de la que se ha llenado mi vida. Lo he intentado. TE JURO QUE LO HE INTENTADO. Lo sabes. Te eché de mi vida, y no te imaginas la de noches que pasé pensando que quizás no era la mejor salida. He pasado tardes dando golpes, sola en casa, con la cara empapada, porque tú has encontrado a alguien mejor que yo, para pasar el rato. He escrito cientos de páginas hablando de lo mucho que te odio. De lo maravilloso que eres. Y al final, de lo mucho que te amo. Porque hasta que no llegue alguien que consiga llenar el gran vacío que tú me has dejado, sé que no conseguiré olvidarte. Porque fue un amor tonto el nuestro, y puede que por eso haya sido el que más estragos me ha dejado. Hace año y pico ya de todo. Y la semana próxima medio año intentando sacarte de aquí dentro. Si es verdad que tan sólo una vez se consigue amar con todo el alma, yo lo tengo jodido. Me haces daño a cada paso, sin querer. Perdóname. Ya te dije, lo intenté. Escribí en un folio 30 defectos tuyos. Quedaron 29 descartados. Sólo uno valía la pena. Si no recuerdo mal era el número 10, pero no me hagas mucho caso. ¿Sabes lo que ponía ese defecto?: que te habías portado mal conmigo. Pero eso, no es un defecto, es tan sólo un error. Y cualquiera puede cometerlo. El tiempo que estuve sin ti, me bloqueé. Dos meses sin saber de ti. Dos meses comiendo poco. Dos meses rompiéndome la cabeza: ¿a quién le estará diciendo "te quiero" ahora? Dos meses horribles, en los que me di cuenta de que, por mucho que quiera, si algo es fuerte no lo tiran las fronteras, ni las distancias, y si es verdad que el tiempo todo lo cura, estoy preparada para que me cure a mi de una vez por todas. Odio verte mal a ti. Entonces sí que se me cae el mundo. Y cada vez que me has venido contando que alguien te ha dañado, he tenido que cerrar los ojos para no volver a llorar, porque no entiendo cómo pueden ser tan ignorantes. No entiendo cómo pueden hacerte daño. PARA MI TÚ ERES MUCHO MÁS QUE SUFICIENTE. ¿Y que más dará eso? De qué me sirve escribir medianamente decente, si al final lo que hago entre el papel y el bolígrafo es desahogarme, pero no me siento mejor por ello. Eres todo lo que tengo. No, eres todo lo que tuve. Vacía, sin ti estoy vacía. Ni te imaginas lo que daría yo por ir atrás… Detenerme en aquella maravillosa tarde de lluvia en abril a tu lado, o en febrero, el único mes que me da un respiro con sus 28 días. Estas últimas semanas han sido las peores. TODO ME RECUERDA A TI. Todo lo que pasa me recuerda a ti. Poco a poco vuelven a mi memoria recuerdos absurdos. Pequeños momentos pintados a acuarela y borrados por la lluvia. Cosas que me hacen sonreír durante una décima de segundo. Cosas que tengo miedo que se me olviden, porque es lo único que me queda de ti. De nosotros. Si es que se puede decir así. Lo único que me quedan son recuerdos. Difusos. Distorsionados. Difuminados. Cosas nuestras. Tuyas y mías. Y de nadie más. Pequeños fragmentos de mi pasado. Pequeñas partes de mi vida que me dan el placer de poder decirle al mundo que he vivido la historia de amor más maravillosa del mundo. Pequeños bocetos de mi historia, que me recuerdan que tú seguirás presente hasta que los años, o mis planes de futuro en una universidad fuera de mi tierra, nos separen. Dos personas de vida totalmente diferente se han querido. O por lo menos eso me gusta a mi pensar. De todos los lugares que hay en el mundo hemos venido a parar aquí. De todas las chicas que existen has venido a enamorarme a mi. Sin querer, lo sé. Duele pensar que algún día te diré adiós para siempre. Mi querido y enorme amor platónico. De pequeña soñaba con que mi primer amor fuera el más grande. Tú no eres mi primer amor, y me has llenado más que nadie. El prototipo de “príncipe azul” que tenía en mente a mis 7 años, no se asemeja a ti. No elegimos de quién nos enamoramos. Si así fuera, ya te habría olvidado. Te daría que las veces que me has mentido, me has hecho más fuerte; pero entonces yo te estaría mintiendo a ti. Gracias por los momentos buenos. Puede que perfectos para mi. Gracias por las sonrisas, y la ayuda que me das a tu manera. Una mirada aunque sólo sea, y habrás vuelto a levantar ese muro tan grande y robusto que tú mismo tiras sin darte cuenta, cuando a la realidad le da por entrar sin picar a la puerta. Gracias por dejarme conocerte. Ver que hay algo más en ti que un simple chico malo, que viste con zapatos anchos y sudadera. Nadie te va a querer cómo yo te quise. Como yo te quiero. Estaré segura de ello por mucho que me digan. Por muchas pegas que le pongan. Siempre veré de ti lo positivo. Y no es para que tú te sientas mejor. Si pudiera sacarte defectos te los sacaría. Tal vez es verdad que el amor es ciego, y por eso no veo más allá de tus virtudes. Por eso no veo más allá de ti. En estos momentos, me apetece desaparecer. No hubo cosa que más daño me hiciera que llegar al punto de decirte a la cara que no te quería ver. ¿Sabes que todas esas cosas horribles que te dije, aunque verdad para algunos, yo no las sentía? ¿Sabes que mientras te escribí aquel mensaje, tan rudo, tan valiente, yo lloraba? Ni te imaginas lo que me hubiera gustado que hubiese salido bien. Debe de ser que no encajamos ni a presión. Debe de ser que soy yo la única que te guarda admiración. Si pudiera querer yo por los dos, nos sobraría amor. Siempre fallaba algo. Quizás las circunstancias en las que siempre nos encontrábamos. Quizás que siempre había alguien más que yo. Estúpida chica que te es fiel sin tener nada contigo. Esa soy yo. Nadie es perfecto. A veces no sé si dar las gracias por haberte conocido, o tachar con permanente todo aquello que me ha herido. Estoy enamorada de ti, y me pasaría horas escuchándote a hablar, para luego pasarme mil vidas escribiendo lo increíble que puedes llegar a ser. Me has hecho daño, sí. Pero también me has hecho sentirme a 30 millones de kilómetros sobre el cielo, y nadie más lo ha conseguido. Mil “te quiero” y un “te amo” que rompió todos mis esquemas. Por lo vivido, amor, y lo nada que nos queda por respirar, uno al lado del otro, y a la vez tan distantes. Porque te amo, y eso es lo único que tengo claro.